Cuando los sueños se comparten, los kilómetros no son distancia

Hockey Patines

23 Marzo 2020

Hoy en día, nadie discute la importancia de que los niños hagan deporte. Desde la escolarización, se bombardea a sus familias con un sinfín de actividades extraescolares. Tan largo es el listado como tan escasa la originalidad. Los niños quieren ser futbolistas y los padres rápidamente los anotan. Quizá por inercia, quizá porque van los amigos o quizá porque creen que sus hijos pueden ser futbolistas en el futuro.

El caso de las niñas resulta diferente. Por desgracia, los roles de género están presentes desde que nacemos. Al niño se le pegunta si ya juega al fútbol cuando apenas ha cumplido los seis años pero no se hace lo mismo con una niña. Por eso, la mayoría de niñas que juegan al balompié antes de alevines, lo tienen que hacer con los niños. Con ellas no suele haber tanta prisa a la hora de apuntarlas y muchas veces son las pequeñas quienes demandan una actividad. Puede que esta sea una razón por la que la inercia se descompone en numerosos fragmentos y por lo que, en cada fragmento hay una pequeña historia como la que hoy les vamos a contar.

Se trata de la historia de Irene, una catalana de 11 años que ha tenido la suerte de nacer en una familia con cultura deportiva, conclusión que se desprende tras una distendida charla telefónica con su padre Jaume. Su primer contacto con el mundo del deporte, fue la gimnasia artística, actividad que desarrolló durante tres años. Por consenso, tanto la pequeña como sus padres decidieron que era el momento de cambiar, de probar una nueva aventura. Ellos no tenían muy clara cuál y tampoco se la hubiesen impuesto. Los padres querían que fuese Irene quien escogiese, pero ella en ningún momento dudó:

“Hockey”.

-¿Hockey?

-Sí papá, hockey sobre patines.

Su padre, buen conocedor de ese deporte, le advirtió de la complejidad del mismo. Ella ya tenía 10 años, y muchas niñas llevan practicándolo desde los seis, solo cuatro años de diferencia que en un deporte son dos universos. No obstante, por grande que fuera la dificultad, no habría adversidad que derribara a la pequeña que ya había tomado su decisión. Ahora solo quedaba practicar, entrenar y ver mucho hockey para afianzar conceptos y aprender de las profesionales.

No había mejor oportunidad para ello que el mes de julio en el Palau. Bajo el bochorno típico de la época en la ciudad condal, dentro del pabellón arreciaba la tormenta de quien se juega mucho, en muy poco tiempo: Dos países como Argentina y España negociaban en el mismo idioma el título del campeonato del mundo. Irene y su padre eran testigos, testigos de excepción.

Las finales tienden a la igualdad pero en ocasiones aparecen heroínas llamadas al desequilibrio. Las heroínas nunca se esconden pero se ocultan para que solo se les vea aparecer en los momentos precisos. La joven jugadora del Telecable Gijón, María Sanjurjo no estaba en el quinteto inicial, pero su nombre se rotula con permanente en el palmarés de la selección española. Su equipo ganaba 6 a 5 y todo podía pasar. Ella se encargó de que el trofeo no cambiara de continente al anotar el séptimo y octavo tanto. España ganaba su séptimo mundial, pero María Sanjurjo conseguía algo que no se tasa con títulos pero que queda para siempre: la admiración de la pequeña Irene, con sus ojos clavados en ella, los ojos de una niña que ve en la joven gallega un referente.

Dicen que uno es desde que nace de un equipo. Posiblemente tengan razón, probablemente aquel día nació una pasión en Irene, una pasión que ya palpitaba cuando decidió cambiar de deporte y que en el Palau salió a la luz. Cuando el partido terminó, esperaron pacientemente para poder fotografiarse con ella. Irene tuvo la oportunidad de comentarle lo que sentía en persona, pero la descripción del momento no respondía a los parámetros de la fugacidad. Siempre que el Telecable Gijón juega en Cataluña, hay dos espectadores que fielmente acuden a la grada: Son Irene y su padre, ambos repletos de ilusión, los dos cargados de un recuerdo inolvidable.

Mario Alvarez
Mario AlvarezRedactor
Con la voz, o en papel, os cuento historias y relatos

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